Jueves 20 de Septiembre, 04:59 hs
SALUD

Las emociones: ¿se traen o se aprenden?

Yo te pregunto: ¿vos aprendiste a tener mandíbula, o, más bien, aprendiste a cómo usarla? Perfecto. Gracias por la respuesta.
Vos no aprendiste tus mecanismos emocionales: lo que aprendiste es cómo ponerlos a trabajar.
Es cierto que el ambiente puede predisponernos a ser, por ejemplo, fácilmente irritables (especialmente si los piquetes, las inundaciones y las crisis económicas continúan). Pero la
capacidad de enojarnos tiene que preexistir en nosotros para que podamos desplegarla.
Arnold Schwarzenegger y Ricky Maravilla son verdaderamente diferentes, pero no por eso dejan de ser personas.

Así como todos estamos dotados de una cierta estructura corporal y de un paquete de órganos determinado, también estamos dotados de las funciones emocionales. Nuestros rostros varían, pero no dejan de ser rostros. Del mismo modo, las funciones emocionales podrán variar en la forma e intensidad con que se activen para cada persona, permitiendo distintas formas de vivir internamente las emociones y de comunicarlas, pero, en el fondo, seguirán perteneciendo a nuestra configuración típica de especie.

Ahora bien, contar con esta organización emocional por diseño, ¿nos hace nada más que robots, solo que en una sofisticada versión programable con emociones? ¡Por supuesto
que no! Es verdad que nuestras emociones tienen un aspecto innato, pero también que su integración con otros recursos del cerebro permite que cada uno de nosotros adquiera un
bagaje de experiencias y aprendizajes únicos.

Trazando un paralelo elocuente: tenemos manos y no alas, y, por supuesto, no habrá forma de que podamos por naturaleza volar como las aves. No obstante, somos capaces
de utilizar esas manos de muchísimas maneras que no están predeterminadas. Nadie nace sabiendo preparar platos gourmet, tocar un piano o jugar al vóley. Todo eso se aprende
gracias a un cerebro que lo permite.

Las funciones emocionales no nos imponen una manera fija de experimentar la vida, sino que permiten experimentarla según ciertos parámetros. Habrá infinitas oportunidades
para amar a otra persona e innumerables contenidos para llenar nuestras ilusiones. Pero hay mecanismos específicos y bien concretos que hacen posible el cariño y la esperanza.

No tengás miedo: afirmar la existencia de funciones innatas para sentir no significa desmerecer la experiencia en absoluto, sino todo lo contrario. Significa conciliar lo innato con lo aprendido. Estamos hablando de predisposiciones en la forma de sentir: sos capaz de experimentar celos, pero no «qualianza» (suponiendo que qualianza fuera una emoción no humana si es que existiera de algún modo). Estamos hablando de la preexistencia de maneras de transitar la experiencia de vida, no de la preexistencia del contenido emocional en sí mismo.

Nuestras funciones emocionales pueden sensibilizarse por la experiencia y volverse hiperactivas, o bien aletargarse. Como los músculos, pueden moldearse, incluso de forma
permanente. Así es que automatizamos hábitos emocionales y terminamos adoptando patrones de reacción. Quedamos entrenados para responder de ciertas maneras; por ejemplo, para molestarnos frente a determinadas cosas.

La buena noticia es que en cierto grado podés volver a cambiar esas respuestas emocionales si te re-entrenás en el asunto. Como en todo ejercicio, tenés que aprender los movimientos básicos. Los mapas de tus emociones te van a resultar la guía indicada.

*Extracto del libro Mapas Emocionales por Federico Fros Campelo

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